Nace la Ballesta

Surge por la necesidad,  fue la que hizo posible este arma.  La guerra exigía un arco más potente, capaz de perforar las cada vez mejores protecciones metálicas de los caballeros. Las soluciones pasaban por el arco compuesto o el arco largo pero las dificultades técnicas de construcción del primero y los diez o quince años necesarios para entrenar a un arquero competente para el segundo, favorecieron la búsqueda de una alternativa. Así, la solución fue la ballesta.

Se cree que aparece aproximadamente en el siglo X, en la guerra de asedio en el Norte de Francia y rápidamente se extendió por Europa. Tal vez los normandos ya la empleaban en 1066, asombrando a los bizantinos en 1096 que desconocía por completo este arma.   Aunque las evidencias físicas y escritas sugieren que la ballesta se descubrió en China durante el siglo cuarto antes de Cristo, mientras que un tipo de ballesta llamado gastrafetes se inventó de forma independiente en Grecia aproximadamente en el mismo periodo. No fue hasta el siglo diez u once después de Cristo que la ballesta se convirtió en un arma militar de importancia en Europa.

 

 

 

Ballesta Medieval

 

Boceto de Ballesta Gigante de Leonardo Da Vinci  (1485-88)

 

La introducción de la ballesta en la Europa medieval se baso en la necesidad de crear algún tipo de mecanismo que les permitiese utilizar el arma de mayor alcance en ese momento (el arco) para lanzar sus proyectiles (flechas) a esa distancia conocida o incluso mayor pero con un menor esfuerzo y destreza. Si pensamos en ello lo que se buscaba sería mantener el arco en su posición de tensado durante el mayor tiempo posible (incluso durante minutos) para apuntar y que ello no conllevase dolorosos resultados en los brazos de quien lo manejaba como en el caso de un arco.

 

Las primeras ballestas medievales eran artefactos muy primitivos. Se tensaban apoyando el arco, de tipo simple, en el suelo y sujetándolo con los pies, al tiempo que con las dos manos se tiraba de la cuerda hasta sujetarla en la muesca de un primitivo disparador en forma de palanca que empujaba la cuerda, liberándola. Ya en la segunda mitad del siglo XII, las ballestas eran lo suficientemente potentes como para que se pudieran tensar con la mano, con lo que se tuvo que introducir el estribo, una pieza sujeta a la cureña en el que se introducía el pie para sujetar el arco. Enseguida aparecieron sistemas mecánicos para tensar la cuerda basados en el principio del torno.

Por otra parte, la ballesta era considerada un artefacto para cobardes.  El desprecio de la aristocracia por el arma propulsada a distancia llega hasta el Renacimiento y aunque la Iglesia el Imperio trataron de prohibir su empleo, su potencia y su fácil manejo hicieron que se propagase por toda Europa en los siglos XIII y XIV.   De esta manera, hay que señalar que la ballesta fue utilizada normalmente por mercenarios, a menudo de origen italiano, de donde procedía la madera de tejo que se consideraba la más apropiadas para la construcción de los arcos, si bien se señalan hasta cinco tipos de madera para su finalización.

 

Otra de las ventajas de la ballesta la encontramos en sus proyectiles, ya que empleaba dardos (virotes, cuadrillos) más cortos, de cabeza piramidal maciza que eran más baratos y perforantes. El dardo de verga metálica podía atravesar corazas inaccesibles para un arquero.  Sin embargo, su desventaja residía en el largo tiempo que se necesitaba para cargarlas, que hizo a menuda necesaria la asistencia de un escudero portador de un escudo ligero para proteger al ballestero mientras éste recargaba laboriosamente su arma a una cadencia de unos dos a cuatro disparos por minuto, frente a los diez o quince de un arquero experto. Y pese a lo que suele creerse, el alcance de una ballesta no era superior al de un arco largo o un buen arco compuesto pero como decimos, con una mayor capacidad de perforación. Las ballestas serían ya desde el siglo XIII elementos habituales no sólo en asedios sino en batallas terrestres o navales.

 

 

Arquero montando una Ballesta

 

Ballesta

 

La Iglesia y la ballesta

El Concilio Lateranense de 1139 amenazó con expulsar del seno de la Iglesia a todos aquellos que usasen contra cristianos ese ingenio que el papa Inocencio II y sus cardenales calificaron como artem mortiferan y Deo obidilem, es decir, "odiada por Dios". Éste fue, por cierto, el primer caso de la historia donde hubo una conferencia para la limitación de armamentos.  Pero sólo se prohibe lo que se generaliza, por lo que no cabe ninguna duda de que, por aquel entonces, la ballesta debía tener un éxito importante entre todo tipo de combatientes y cazadores, que para nada se acordavan de las amonestaciones de los clérigos a la hora de matar al vecino con impunidad. Pero no fueron las razones humanitarias las que llevaron a la Iglesia a prohibir tal arma, sino que lo hizo por el peligro que suponía para los propios cimientos del sistema feudal. Según éste, Dios en persona había dividido a los hombres en tres órdenes o estamentos. Pero el "infernal" invento ponía en entredicho todo eso. Para nada le servían al caballero los años de entrenamiento, el caballo de guerra y la pesada armadura, la lanza, la espada y el escudo, si cualquier villano con una ballesta, agazapado entre los matorrales, podía mandarle la muerte en la punta de una saeta. Ahí radicaba el gran peligro de la ballesta, y su gran virtud. No sólo tenía una potencia devastadora, sino que era insidiosamente fácil de manejar.

 

Para la nobleza cristiana y para la Iglesia de Roma la ballesta fue un arma despreciada cuando no maldita, no en vano una de sus representaciones más antiguas en la iconografía era en manos de un demonio. En efecto, para un noble entrenado desde la infancia en el arte de la guerra, protegido con un costosísimo armamento defensivo, era intolerable la posibilidad de ser vencido o muerto no por un igual sino por un plebeyo escasamente adiestrado, cobarde por definición y desde una distancia tal que era imposible la mera defensa. De hecho, mientras que un caballero capturado era normalmente respetado por sus pares, por solidaridad de clase y para conseguir un rescate, los arqueros y ballesteros eran masacrados como asunto de rutina e incluso los nobles de un ejército podían aplastar con los cascos de su caballo a sus propios ballesteros si se interponían en su camino.  De ahí que el Segundo Concilio de Letrán prohibió el empleo de la destreza mortífera de arqueros y ballesteros pero, eso sí, sólo contra otros cristianos. Evidentemente estas prohibiciones serían ignoradas desde un primer momento sin que surtiesen efecto alguno.

 

 

Hoy se nos ocurre pensar que el o los inventores de la ballesta recurrieron a algún tipo de mecanismo que les permitiese utilizar el arma de mayor alcance en ese momento (el arco) para lanzar sus proyectiles (flechas) a esa distancia conocida o incluso mayor pero con un menor esfuerzo. Si pensamos en ello lo que se buscaba sería mantener el arco en su posición de tensado durante el mayor tiempo posible (incluso durante minutos) para apuntar y que ello no conllevase dolorosos resultados en los brazos de quien lo manejaba.

 

Después de varios intentos se llegó a colocar un arco en horizontal sobre un madero, donde fijarlo, y luego buscar la manera de mantenerlo tensado enganchado con alguna clase de pestillo. El que se colocase de forma horizontal tiene su explicación, si ponemos la ballesta con el arco vertical (y sin los sistemas de sujeción que poseen hoy en día) la flecha caerá al suelo y no nos servirá de mucho el invento, además en esta posición se tiene una visión despejada del objetivo al que apuntamos, y aunque primitivamente un sistema de referencias que nos servirían de miras con las que apuntar.    Cuando este sistema se perfeccionó, a lo largo de varios siglos, se encontraron otras ventajas, entre ellas que los usuarios de este arma no necesitaban un entrenamiento tan prolongado como los arqueros para lograr dar en el blanco (se llegaron a promulgar leyes que obligaban a practicar el tiro con arco a todos los varones del estado dada su utilidad militar en el momento de las reclutas o levas) esta diferencia de tiempo para conseguir unos resultados aceptables en la puntería se convertiría en su pecado original cuando se habla de la nobleza de este arma o en su uso en deportes frente al arco. Con la ballesta que se conseguían buenos alcances (150 metros efectivos, pero sin precisión) y la diversidad de proyectiles que podían usarse era bastante numerosa (cortos, medios, largos, de metal, de madera, con punta de madera, de metal, con plumas, sin plumas, con forma de bolas, conteniendo granadas de pólvora, piedras,...).

 

 

Evidentemente no era el arma perfecta, y tenía algunas pegas como cualquier arma que se utilizaba dejando claro cuales serían las mejores condiciones para su uso. Por ejemplo, el tensar la cuerda se hizo tan duro que hubo de complementarse a las ballestas con un sistema de montado como el "estribo", la "pata de cabra", el "cranequín o cric", las "manoplas", etc.  Aparejado con el intento de conseguir mejores prestaciones con la ballesta se intentó dotarla de más potencia, para ello se construyeron palas de arco de diferentes materiales: de madera en un principio, posteriormente de varias capas de distintas maderas (compuestos), de hierro, de acero y finalmente de fibras artificiales o compuestos sintéticos hoy en día.

 

También se han seguido caminos paralelos con el arco así del arco simple se pasó al recurvado y mucho después a los de poleas, pues bien todos estos elementos se han aplicado a la ballesta pero sacando ventaja de algunos de ellos, por ejemplo, las palas suelen ser más cortas que las de los arcos (de lo contrario no serían manejables) frente a un arco de 60 pulgadas nos podemos encontrar con una ballesta de sólo 28, con un recurvado de 48 la ballesta recurvada tendría 22 y frente a un poleas de 38 o 40 una ballesta de 25 (todas ellas medidas aproximadas, todos sabemos que hay marcas, modelos y materiales que dan prestaciones muy dispares con medidas similares), pero siempre con un factor común, la ballesta proporcionará como media el doble de potencia que el arco aunque como se podrá ver en el apartado técnico, el resultado final será muy parecido en cuanto a velocidades y alcances de las flechas (bolts).

La Evolución de las Ballestas

Las ballesta evolucionaron a lo largo de los siglos en varios aspectos: El material de sus vergas o palas, el disparador, y la forma o elementos de carga.

 

Materiales de las palas o Verga: Si comentamos ahora el material de sus palas en los primeros siglos X y XI estas eran de madera igual que los arcos. Su escaso rendimiento por su la corta longitud obligo a crea unas palas compuestas. Estas eran distintas capas de maderas, refuerzos de cuero, cuerno y algún otro elemento para dar mayor potencia como los arcos orientales. Posterior siglo XII finales del XI, se incorporaron las palas o vergas de metal llegando así a su esplendor y máxima potencia con las palas de acero que se ha mantenido hasta el final de la vida operativa de esta arma.

 

Se pueden usar distintas maderas, aunque la dificultad se incrementa junto con las propiedades especiales de cada árbol.  Las maderas más habituales, por orden de dificultad, son: abedul, arce, fresno, tejo, álamo yag y palindro.   Otro factor a tener en cuenta es que según la edad del árbol su madera tendrá distintas propiedades de reforzado, lo que te permitirá fabricar armas que lancen con mayor fuerza (la edad del árbol afecta a la elasticidad, torneabilidad y dureza de la madera).   Además, existen otras maderas de árboles más exóticos, que producirán arcos y ballestas con propiedades especiales.  También se pueden combinar diferentes tipos de madera en un mismo arco o ballesta.

 

 

Sistemas de disparo: Otro punto de evolución fue el sistema o mecanismo de disparo de esta arma, el sistema de disparo en las primera época cuando fue introducida o utilizada por los Normandos en Inglaterra, era una simple palanca que liberaba la cuerda, evoluciono a otro tipo digamos cerrojo, para pasar al sistema de nuez que se ha hecho característico de las ballestas.

El sistema de cerrojo consistía básicamente en una pieza que empujaba / liberaba la cuerda al pulsar la palanca de disparo. La nuez es un pieza o rueda con dos muescas una de ellas engancha / libera la cuerda y la otra muesca enclava la palanca de disparo al apretar libera la nuez y esta gira por la tracción de la cuerda, la nuez solía ser de cuerno, hueso o metal.

 

Sistemas de Carga: El sistema de carga de las ballestas, fue adecuándose con el paso de los años al incremento de potencia. En los primeros años dada la poca potencia de las vergas de madera era suficiente el pisar con los pies las palas y tirar de la cuerda con las manos.   La primera ayuda fue el estribo como el estribo de caballería pero en nuestro caso colocado delante en la punta del cuerpo o cureña de la ballesta, permite introducir un pie sujetando así el cuerpo y tirar de la cuerda o bien con las manos o mediante un garfio sujeto al cinturón del ballestero.    Las manoplas eran unos guanteletes de cuero grueso, para poder tirar de la cuerda sin deshacerse las manos después de 20 o 30 cargas.   Posteriormente se empleo la "pata de Cabra" (goat foot) consistente en una palanca que se anclaba en unos pivotes especiales del cuerpo de la ballesta y sujetaba la cuerda, al tirar de la palanca se tensaba la cuerda hasta llegar a su punto de anclaje.    Al aumentar la potencia se tuvieron que utilizo el craneqín o cric que era un artilugio mecánico que haciendo girar una biela tensaba la cuerda al avanzar la rueda dentada por la guía igualmente dentada.

 

Torno

También se emplearon pequeños Tornos (Windlass) que se anclaban en la cureña de la ballesta y enrollaba una cuerda a un eje esta cuerda poseía unos garfios que tensaban la cuerda hasta su posición de anclaje para el tiro. La potencia de algunas de las ballestas que se utilizaban para asedios y para asaltar barcos, sin ser artefactos de sitio, llegó a ser descomunal, en algunos casos pasaban de las 700 y 800lb, con las dificultades que esto tenía, pero pensemos que se podía tardar en tensarlas de nuevo tanto como en cargar un cañón y que en el caso de los cañones de los barcos, pocas veces se utilizaban más de una vez. En la mayoría de las ocasiones lo que se pretendía era provocar un incendio, no hablamos de las ballistas romanas, sino de unas ballestas grandes.   Antes de que se normalizase el uso de mosquetes y pistolas de fuego, lo habitual en los barcos era llevar ballestas de tejo para acribillar a flechas la cubierta del barco enemigo antes de lanzarse al abordaje.  En el medioevo los países que más tradición hubo en el uso de esta arma a parte de España por el tema de la reconquista, fueron la zona germana y Italia que nutrió de mercenarios ballesteros a los franceses. Actualmente se sigue manteniendo la tradición de tiro medieval en muchos lugares de Italia.


Ballesta actual

La ballesta presentaba un aspecto exterior sencillo, aunque esa simplicidad era más aparente que real. Las armas de este tipo tenía varias piezas móviles en su interior, con resortes y engranajes metálicos. No en balde, a partir de las ballestas se desarrollaron los mecanismos de los primeros relojes. Muchos pueblos de Asia y África nunca alcanzaron los niveles técnicos necesarios para fabricarlas, pasando directamente del arco al arma de fuego importada de occidente. En la actualidad calificaríamos a la ballesta como armamento de "países desarrollados".